Amanece
sangran las estrellas y presagian lagrimas de sangre
sobre mis sueños
... la utopía de tu cuerpo se convierte en un olvido
que no supe cómo interpretar…
Amanece
la distancia se pierde en anhelos breves
en soledades compartidas
y el olor a locura nos confunde en la sombra…
Amanece
la ruina cruel de tu memoria
imagina el porqué de los silencios
que me absorben y me quitan el aliento y que, paradójicamente
se convierten en la mejor prueba de tu ausencia,
de tu caos máximo, de tu terror,
de tu dolor y de tu inocencia…
Amanece
los caminos cambian y se precipitan,
danzan ante la nada, vibran tragedias, triunfos, fracasos y anhelos
que duran un segundo,
que alteran el destino en un asombro vicioso...
y no hieren los recuerdos…
hiere la vida que se rehúsa a sí misma
placentera de sentirse única
entre poderes sombríos y amenazantes
que se rehúsa a el calor
proporcionado por el placer...
que se congela,
sobrecogida por miedo a su instinto
en un juego sin sentido
en donde las palabras que lo aprueban
se defienden de alojar otra mentira ...
y solo los impulsos etéreos de la memoria,
del azar o del deseo
se transforman en recuerdos
situados más allá del tiempo, la quimera o el desorden….

Amanece
y no hieren los recuerdos,
hieren los silencios y el hielo infinito de esa mirada ♦♦♦


